De qué hablamos cuando hablamos de Emociones…

“La emoción es la principal fuente de los procesos conscientes. No puede haber transformación de la oscuridad en luz ni de apatía en movimiento sin emoción”

Carl G. Jung

Todos sabemos, conocemos y entendemos en general de que se tratan las emociones, pero cuando tenemos que entrar en contacto con ellas, describirlas, expresarlas de una manera u otra, ahí surge el problema.

Para hablar de emociones vamos a comenzar por marcar diferencia con los sentimientos los cuales según el diccionario de la Real Academia Española, los Sentimientos están definidos como un «Estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente», mientras que las Emociones son definidas como «Una alteración del ánimo intensa y pasajera agradable o penosa que va a acompañada de cierta conmoción somática».

Si tenemos en cuenta que Emoción viene del latín emotĭ

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o, lo cual significa « movimiento o impulso », « aquello que te mueve hacia » se puede decir que las emociones nos mueven tanto psicológica como físicamente a estados que muchas veces nos cuesta describir verbalmente pero solo una vez que estos estados se manifiestan a nivel somático es que logran llamar, en algunos casos, nuestra atención.

Emociones y sentimientos repercuten así en nosotros cada uno a su manera pero siempre compartiendo el shock que nos producen. Teniendo clara esta diferencia sutil pero no menos importante es que podemos comenzar a decodificar el lenguaje de las emociones y comenzar a vivir mejor con nosotros y en consecuencia con los demás.

El hecho de no estar en contacto con nuestros sentimientos ni con nuestras emociones nos lleva a un desequilibrio. Un desequilibrio que poco a poco va ganando territorio tanto en lo emocional como en lo físico y que si no actuamos de forma rápida aprendemos poco a poco a vivir en un estado permanente de desequilibrio el cual encuentra primero a través de diferentes síntomas y luego en su estado más profundo a través de enfermedades crónicas su forma de expresión.

Las Emociones logran así llamar nuestra atención y ser “escuchadas” à través del estrés, síndrome de burnout, la depresión, crisis de pánico y ansiedad, y muchos otros síntomas que varían su gravedad de acuerdo a la intensidad de la emoción, pero que todos dejan en claro una falta de escucha de nuestra parte de lo que pasa en nuestro ser más íntimo.

Como seres humanos en continuo aprendizaje necesitamos muchas veces vivir estas situaciones de enfermedad para así comenzar a darle lugar en nuestras vidas a las emociones y a los sentimientos. Sin embargo podemos tomar otro camino, no menos doloroso por cierto, pero sin duda un camino que nos va a permitir liberarnos de las situaciones de enfermedad de una manera más suave y agradable para nuestro ser.

Este camino implica un trabajo personal profundo y en plena consciencia, el cual una vez que comenzamos su recorrido no podemos dar marcha atrás dado que comenzamos un proceso de sanación profunda en el cual la vida concebida como hasta ahora no tiene más razón de ser. Pero tampoco podemos dejar de recorrerlo ya que sabemos que hay algo más allá de y no podemos seguir cerrando los ojos ante lo evidente aunque en ese proceso emociones y sentimientos se entremezclen y pongan por momentos cabeza abajo nuestro estado anímico.

El bienestar es un estado de equilibrio natural del ser humano al que sin embargo nos empeñamos día a día en contaminar con hábitos, sentimientos y emociones que son nocivos para nuestra salud. Es así que desde pequeños, incluso muchas veces desde antes de nuestro nacimiento comenzamos a cubrirnos a blindarnos frente al mundo que nos rodea con la excusa de protegernos.

Aprendemos así a vivir una vida acorazados, en la cual cubiertos por nuestras defensas, anestesiamos nuestras emociones y nuestros sentimientos. Y lo hacemos tan bien que nos cerramos incluso a los buenos momentos que la vida nos ofrece. Nos anestesiamos ante la vida detrás de defensas que en un tiempo pasado nos fueron útiles pero que ya no se corresponden más con quienes somos hoy día dado que nos llevan a repetir situaciones una y otra vez, quedando atrapados en un círculo vicioso.

En este proceso de cambio el entrar en contacto con nuestros sentimientos y con nuestras emociones es un paso necesario que debemos dar.

Adaptando así nuestras defensas a nuestro aquí y ahora lo cual va a llevarnos a un estado de plena consciencia donde cada nueva situación va a ser vivida con flexibilidad y desenvoltura adecuándonos al día a día sin necesidad de traicionar por ello nuestro ser.

Para ello comenzar a escucharnos se hace necesario y esto lo podemos lograr, por ejemplo, a través de ejercicios de respiración que nos permitirán establecer un primer contacto con las emociones que nos habitan.

Por lo que les propongo el siguiente al que llame «Viaje al centro de nuestro ser»

Ejercicio:

En una posición que les resulte lo suficientemente cómoda como para quedarse varios minutos, realizar 7 respiraciones profundas, es decir inhalar por nariz y exhalar por boca permitiendo así un primer contacto con cómo se encuentran hoy, con como está el cuerpo en este momento. Realizan así un ligero scanner de cómo fue vuestro día de hoy relajándose poco a poco y soltando el cuerpo. Si pensamientos o ideas los invaden los pueden visualizar como nubes pasajeras a las cuales mirar durante un momento y luego dejan ir.

Luego de terminadas las 7 primeras respiraciones, van a realizar otras 7 más, ésta vez colocando las manos en el centro del pecho, sede de nuestro corazón, inhalando nuevamente por la nariz y exhalando por la boca, comenzando así el viaje al centro de vuestro ser.

Contemplando cuales son las emociones y sentimientos que emergen aceptándolos sin juzgar, ya que han sido parte de nuestro ser y nos han hecho tal y cual somos hoy día.

Al finalizar las 7 respiraciones, unos minutos de reposo van a permitir sentir si se produjo alguna modificación en nosotros, sin caer en lo racional, nos permitimos ser.

Luego dulcemente y con el mínimo esfuerzo posible irán volviendo al aquí y ahora, despertando así cada parte del cuerpo, desperezándose y haciendo los estiramientos que el cuerpo así pida. Lo último a «despertar» van a ser los ojos a los cuales van a cubrir unos minutos con las manos, transmitiendo así calor a la mirada.

Esta relajación no tiene ningún fin preestablecido, el fin se lo vamos a dar nosotros de acuerdo a las emociones y los sentimientos que tengamos en ese momento. Así podremos realizarlas cuantas veces así lo queramos.

Espero la hayan disfrutado. GRACIAS!

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